martes, 30 de julio de 2013

18. OSADO HACENDADO

OSADO HACENDADO


HISTORIA DE LA FAM. HERRERA.

En la segunda mitad del siglo XIX (1850-1882)un personaje distinguido en la vida puebleril de Tacabamba dejaba sentir su presencia en casi todos los actos públicos y privados, siendo autoridad en repetidas oportunidades ya sea como alcalde, gobernador o juez. Se trataba de don Julián Camacho Olano por cuyas venas corría la confluencia de sangre tacabambina y socotina.

Era heredero de las haciendas Gualango y Puña, además adquirió la hacienda de Lanchepampa y muchas otras propiedades en campo y pueblo como se decía. Notable propietario, uno de los más solventes y trabajadores.

Por razones que se desconocen, la esposa e hijos se quedaron a radicar en Lima y el referido hacendado llegó a fastidiarse por su soledad, decidiendo ir a reunirse con su familia. Para esto ensayó dejar administradores en sus latifundios, pero no obtuvo buenos resultados, determinándose entonces a vender todas sus pertenencias.

Publicó bandos en Tacabamba, Sócota, Cutervo, Chota, Cajamarca y Trujillo, cursó avisos a colindantes y vecinos, a personas que creía podían interesarse en tales propiedades: sin embargo, por más que pasaba el tiempo, nadie mostraba verdadera intención de compra. Hablaba personalmente con todos ellos y cada vez se sentía más defraudado, todos se disculpaban exponiendo dificultades y pretextos. ¡Así es cuando uno quiere vender!, decía.
Una tarde, estando reunido con varios amigos en la tienda de don Heriberto Bocanegra Herrera, “El Curtidor”, calle principal lado oeste, al frente de su casona de la plaza, libando vino y tratando temas de actualidad, expuso una vez más su tan voceado propósito y las grandes facilidades que ofrecía, pero todos callaban. Tal vez no fue que nadie no quería hacerse de tan codiciadas propiedades, sino que nadie deseaba que se aleje un hombre tan digno, un ciudadano tan distinguido, una autoridad tan competente.

Camacho estaba desengañado ya, cuando a la puerta asoma un muchacho muy pobre, ofreciendo vender el tercio de leña “chamizo” que traía a la espalda.. ¡Oye! le dice: ¿quieres ser hacendado?- ¿por qué no patroncito? le responde.- vendes tu leña y vienes para conversar enfatizó don Julián, bueno patroncito agregó, haciendo la venia antes de retirarse.
Los amigos festejaron el jocoso incidente, reconocieron al leñatero, era el hijo de “la Juana Herrera”, chinganera de origen campesino, muy trabajadora y que atendía vendiendo comida los domingos en la calle Agua Dulce.

No pasó mucho que, regresando a la puerta el imberbe. se quitaba su roído sombrero delante de los señores. Te vendo las haciendas, la casa, ....todo. - Le compro pué patrón - ¿y con qué me pagas muchacho - con mi trabajo tiene que ser patrón, del mesmo cuero sale la correya - mañana temprano estás allí en frente en el portón y nos vamos a Puña- será lo que usté diga, hasta mañana entonces patrón.
Poco duró la reunión, sólo para acotar que el muchacho fue producto de un “sexual atropello de un tal bandidazo Tello” (según el poeta Salazar en su libro Panorama de Tacabamba), individuo que cayó en su ley, asesinado en la Hoyada Mala de Ayaque. Pobrecito el muchacho, sin padre y sin apellido, sólo le conocían el de su madre. Ni siquiera le pidieron ni dio su nombre, pero alguien dijo que se llamaba Fernando y nadie se imaginó que lo acontecido en ese momento no era ningún chiste ni burla.
Al día siguiente, de madrugada, cuando el hacendado Camacho salía cabalgando de su casa acompañado de dos hortelanos, contestando el saludo de Fernando que ya estaba esperando en el zaguán, ¡vamos¡ le dijo y al trote tomaron el camino del Choloque (hoy Alto Perú), cuesta arriba hacia la Palma.

Durante muchos días debió haber recibido las instrucciones en las tres haciendas, pero cuando don Julián viajó a la capital, Fernando Herrera ya era el nuevo patrón. Se supo de las remesas puntuales de dinero en monedas de oro y plata de nueve décimos durante mucho tiempo, de seguro que todo se cumplió conforme a lo convenido, porque jamás se supo de reclamo alguno.



El joven don Fernando pasó al sitial que su trabajo y responsabilidad, unidos al golpe de su buena suerte le habían deparado. No tardó mucho que pidió la mano de la señorita más cotizada del lugar en aquel entonces, hija de don Teofisto Delgado, terrateniente de Cumpampa, era doña Zoila Delgado Reátegui, con quien vivió muchos años y procrearon muchos hijos que descollaron como profesionales y ciudadanos notables de Tacabamba y de todo Cajamarca. Ellos fueron : José Mercedes, Leoncio, Vidalina, César Adán, Benjamín, Francisca, Juan Francisco, Fernando y Víctor Antonio. 

Mandó remodelar sus casas haciendas y en especial la de la ciudad en la que trabajó el afamado carpintero y contratista local don Miguel Cotrina, casa que inauguró un 24 de Abril de 1890 con una deslumbrante fiesta.

Las haciendas de los Herrera, así como tuvieron su origen, tuvieron muchos años de auge con una considerable producción agrícola y ganadera, chancaca y aguardiente, ganado bravo que se lidiaba en las fiestas de Tacabamba y ciudades vecinas, y sobre todo, una gran cantidad de arrendadores de terrenos que tenían que pagar puntualmente, todo lo cual, iba a incrementar las arcas de una familia de reconocida fortuna no sólo en el lugar, sino en las capitales del departamento y de la república.


Sin embargo, todo tiene su final. La hacienda Huambocancha que compraron en Cajamarca se perdió por problemas judiciales, el dinero depositado en los bancos de Lima se perdieron cuando José Mercedes el hijo mayor apoyó la fallida campaña política presidencial de Arturo Osores Gálvez, los fuertes gastos de un hijo que estudiaba medicina en Chile, Argentina y en Europa, las exigencias sociales de toda la familia. etc. Todo terminó por deprimir profundamente hasta la locura al ya anciano padre que falleció en 1950.
Meses antes los hermanos Herrera Delgado comprobaron la no existencia de la partida de matrimonio civil de sus padres y consiguieron su inscripción en el registro, para lo cual tuvieron que contar con la partida de nacimiento de don Fernando, que tan solo tenía un apellido. El Secretario de la Municipalidad agregó en el libro respectivo, a pedido de los recurrentes y en un corto espacio en blanco del renglón, el mismo apellido Herrera, quedando como Fernando Herrera Herrera.
Tras este fallecimiento llegó el ocaso del apogeo familiar, los herederos iban terminando sus caudales, vendían e hipotecaban las tierras y finalmente llegó la Reforma Agraria de Velasco Alvarado que acabó con la tradicional trayectoria de bonanza de las haciendas y los hacendados en la serranía norte del país.
El hijo que mejor administró sus tierras fue don Juan Francisco, un hacendado notable a carta cabal. A la fecha, y en lugares distantes de la tierra tacabambina, sólo quedan de tan distinguida familia, honorables y reconocidos los nietos y demás descendencia de don Fernando Herrera.
Chiclayo, 15 de Octubre del 2002 

AUGUSTO BOCANEGRA GÁLVEZ. 

bocanegraaugusto@hotmail.es

“El camino hacía la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”. (Benjamín Franklin)

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