martes, 30 de julio de 2013

40 PANCHO SEGURA NIÑO LADRÓN DE GUEVARA


PANCHO SEGURA NIÑO LADRÓN DE GUEVARA

Personaje tacabambino de antaño, don Francisco Segura Ladrón de Guevara, vivió las dos últimas décadas del siglo XIX y las seis primeras del siglo XX, hermano de la señora Clara Segura Ladrón de Guevara, ambos descendientes del español Diego Niño Ladrón de Guevara que conquistó las tribus pre incas y dispuso el establecimiento del poblado de Tacaypampa a mediados del siglo XIV. Sus descendientes inmediatos fueron las familias Guevara, Segura, Regalado y Vargas.


Siendo joven tuvo que viajar a la costa para trabajar en las haciendas azucareras y sólo regresaba al terruño en ocasiones muy especiales por razones familiares o algunas festividades.

Gustaba de apoyar a los paisanos que como él, viajaban a trabajar a la costa, pues en todo momento sabía brindarles amistad, consejo y algunas facilidades materiales. Cuando fue empleado distinguido en Pomalca cumplió de mejor manera con los tacabambinos en especial.

Su vestimenta diaria y de gala era el típico modelo costeño, camisa blanca, pantalones negros de montar, polainas de cuero y sacón blanco. Sombreo alón blanco a la pedrada (parte delantera levantada). Cabalgaba dóciles y briosos corceles ya sea en el trabajo, ya sea en el paseo.

Visitaba a las diferentes familias cuando regresaba a su tierra natal, entablando amenas conversaciones en las que destacaba su discurrir diario y festivo en las haciendas costeñas (después cooperativas agrarias y hoy distritos chiclayanos).

De lo que yo sepa, y de lo que doy fe, por haber sido partícipe en mi niñez, ha dejado don Pancho dos excepcionales recuerdos a su querida tierra. Podrían pasar por desapercibidos por quienes desdeñan la naturaleza y el medio ambiente, pero no por quienes apreciamos la obra sencilla y trascendente que puede calar profundamente en la prestancia de un lugar paradisíaco como Tacabamba.

Llegó una vez, allá por el año 1950, quizás tras penurias y dificultades de aquella época, con lo que parecía ser una jaula acondicionada para una larga travesía entre los cañaverales costeños y sus algarrobos del lugar de su residencia y los pastizales con sus azahares de las limas y sauzales de su valle interandino del río Grande o Tacabamba, tributario de la Serpiente de Oro o Marañón, cuidadosamente cubierta por una funda de tela, ante la curiosidad de un enjambre de niños cuando ingresaba a su escuela la antigua 63 “Salomón Díaz” siendo recibido por el Director don Víctor Herrera Delgado y varios profesores, con quienes se dirigían a la parte alta del Canchón Heriberto Bocanegra (hoy Coliseo Tacabamba) y ante la formación de las diferentes secciones del alumnado fue presentado y se le dio la palabra para que explique tan inusitada sorpresa.

“Les traigo unos pajaritos desconocidos para todos ustedes niños, son costeños, muy bonitos, cantan que es una maravilla a ciertas horas exactas de cada día, hacen sus nidos como pequeños hornos de barro, con compartimientos en el interior. Son de color anaranjado y viven en parejas. Los dejaremos libres, espero que se acostumbren y lleguen a reproducirse para que alegren nuestros campos. Ustedes tienen que cuidarlos. Y quitando la cubierta dijo, se llaman CHILALAS, aquí las tienen” son cuatro parejas. Entre aplausos los escolares se arremolinaban para verlas más de cerca. Explicaba don Pancho que las chilalas de color anaranjado más intenso eran los machos y las de color más claro eran las hembras. No van a cantar ahora, porque están muy asustadas.

Efectivamente, con las secciones superiores nos encaminamos hasta el Tingo y allí, con las recomendaciones previas del maestro Godito echamos a volar a las avecillas, que a pocos segundos de verse libres, desde el carrizal más próximo empezaron con sus trinos estridentes: chi la la la la la la la ……. , chi la la la la la la…….

Desde entonces los alumnos organizados en brigadas recorríamos los campos aledaños para cuidar que no hayan perseguidores de pájaros con sus tirantes o jebes que de costumbre deambulaban en pos de los pequeños trofeos de su cacería. Nosotros mismos nos habíamos convertido de perseguidores en defensores de avecillas.

Tras una temporada de escuchar el canto de las chilalas y a veces verlas ligeramente, de lo que dábamos información a nuestros maestros, acaeció otra temporada de silencio, lo que en realidad nos preocupaba, temiendo que hayan desaparecido, pero luego e ininterrumpidamente escuchar su alegre canto por doquier. No cabía duda que se ya se habían reproducido. Desde entonces los parajes tacabambinos cuentan entre sus variados encantos con estas avecillas importadas y sus característicos gorjeos.

Otra vez que el paisano Segura Ladrón de Guevara, llegó a su terruño y visitando nuevamente a la escuela por cuyas aulas pasó en su infancia, hizo entrega al personal docente un paquete conteniendo diez libras de semilla de CASUARINA, robusto árbol costeño, bondadoso en buena madera para los talleres de carpintería y abundante leña para los fogones familiares.

Dio las indicaciones para la preparación de los almácigos o lechuguinos y para su distribución de plantones por todas las comarcas.


Fue una actividad laboral muy amena para los escolares, pero también se entregó pequeños sobres de semilla a los tenientes alcaldes y tenientes gobernadores de las diferentes estancias del distrito.

Un hermoso ejemplar de casuarina sobrevivió por muchos años en uno de los jardines del parque, como muestra irrefutable del cariño de aquel hombre grato de su terruño que supo colocar esos granitos de arena muy simbólicos y significativos. Si bien esta campaña de reforestación no dio los resultados apetecidos, pero vale por su originalidad y ejemplo precursor para que amantes del medio ambiente procuren después otras campañas de arborización de eucaliptos y frutales en compensación relativa a la desaparición de los bosques naturales por la tala indiscriminada.

Cuando veamos mecer el viento los ramales de las casuarinas en nuestros parajes y escuchar el canto alegre de las chilalas, traigamos a nuestra memoria la figura señera de don Francisco Segura Ladrón de Guevara, muestra inequívoca de identidad tacabambina. 

Chiclayo, Mayo del 2011 - Augusto Bocanegra Gálvez : bocanegraaugusto@hotmail.es 

5 comentarios:

  1. Linda historia.... me siento orgulloso de mi abuelo..

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  2. Linda historia.... me siento orgulloso de mi abuelo..

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  3. Muy orgullosa de mi abuelo Francisco Segura. Que siempre está en alguna historia de mi querida madre Clara Segura. Saludos a la familia.

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    1. Buenas Noches Angela Apolaya Segura, le saluda Zoila Victoria Segura, estaría encantada de saber más de usted.
      Mi correo: vicse24@hotmail.com

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  4. Saludos a la familia Segura, desde Lima, Perú.
    Soy descendiente de Segura como apellido paterno, mi abuelo Tacabambino, Mauricio Segura y Herrera, mi padre, Alejandro Segura Dávila, Motupano, Chiclayanazo, como solía decir él...pueden contactarme al correo vicse24@hotmail.com...gustosa de conocer más de los descendientes Segura.

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