martes, 30 de julio de 2013

31. LOS PAÑONES


LOS PAÑONES 

El pañón es una prenda femenina de vestir, un rebozo o chal hecho a mano, tan original y artístico que goza de la afición y preferencia de propios y extraños. 

Aparte de ser un tejido útil y hermoso, reviste una singular importancia por la actividad laboral que implica. 


El pañón es aspiración permanente, inquietud ancestral, sueño, preocupación y desvelo, ocupación amena y trabajo minucioso, arte y oficio característicos. 

El pañón es disfrute de alegrías y vivencias, alfombra del amor y paño de las lágrimas de la mujer humilde y laboriosa forjadora de esperanzas y grandezas: la mujer tacabambina.

El pañón es la satisfacción, el sustento y la tradición obreril de un pueblo sencillo y antiguo, enclavado en el corazón de la región nor oriental, aprisionado en los resquicios del Ande, allí donde el verdor es su intrínseca característica, dual al sempiterno azul del cielo, con un clima agradabilísimo y abundancia de agua en sus ríos, quebradas y manantiales cristalinos.

En estos lares las mujeres conservan con sus manos una de las tantas peculiaridades de su terruño: “los pañones”; y es que en ningún otro lugar los hacen tan buenos, bonitos y baratos. Ellas los usan como tapado en reemplazo de la lliclla de lana o bayeta y como cargador según se acostumbra para llevar a sus bebés a la espalda o amarrados al costado mientras siguen trabajando en otros menesteres.


Los que saben las bondades de este tejido acuden a Tacabamba para comprarlos, o los que por paseo o por conocer “la sucursal del cielo” viajan a esta “tierra de las limas”, adquieren el pañón como recuerdo, los turistas en especial, aprecian sobremanera esta muestra de artesanía. Es frecuente verlos en Lima, Trujillo y otras ciudades en las presentaciones y concursos de marinera.

Los pañones son manufacturas tejidas en algodón, de forma rectangular, con flecos en los extremos llamados blondas. Los de tamaño grande miden tres varas y una cuarta (2.70 m) y los chicos dos varas (1.66 m); el ancho es de una vara y una cuarta (1.04 m) y una vara (0.83 m) respectivamente. 

Las blondas artísticamente amarradas o laboreadas miden 0.30 m por el ancho del pañón. Su color varía entre el azul intenso, azul claro y el blanco. Recientemente se está innovando el estilo multicolor. También se están generalizando nuevos usos, como adornos en las salas, sobremesas en los comedores, tapado de muebles y asientos de carro, moda de turistas, atuendo de marinera, etc.

Tradicionalmente se hacen en tres estilos: fondo azul, fondo blanco y de dos ases.

El pañón de fondo azul es el más generalizado o popular, sus jaspes blancos le dan característica presentación. 

El de fondo blanco es más artístico y elegante, requiere de mayor trabajo y por supuesto, es mucho más costoso que el primero.

El de dos ases es la combinación de los dos anteriores, fondo azul por un lado y fondo blanco por el otro. Estos pañones los confeccionan a pedido de las personas de gustos refinados.


En la elaboración de estas manufacturas se pueden anotar hasta doce actividades diferentes que ocupan a las artesanas por especialidades.

1. Conseguir al algodón que se trae de Amazonas o Piura, pues en el lugar se ha dejado de cultivar, como exitosamente antes se hacía.

2. Desmotado, que consiste en sacar las pepitas o semillas.

3. Descarmenado, extendiendo y desmenuzando cuidadosamente las fibras del algodón, formando rollos o copos para facilitar el hilado.

4. Hilado, que es la elaboración del hilo fino y torcido, para lo que se emplean dos utensilios tradicionales: la rueca y el huso. La primera es una varilla de madera dura (lloque), de un metro de largo, en cuyo extremo se amarra el copo de algodón y el otro se sujeta a la faja que llevan a la cintura las hilanderas. También la rueca es arma ofensiva que las mujeres sacan a relucir y esgrimen con destreza durante las pendencias. El huso es una varilla pequeña (0.30 m) en cuyo extremo va incrustado el tortero que improvisan de cáscara o nervadura de repollo para facilitar el torcido. El resto del huso sirve para envolver el hilo.Hay que destacar que el hilado lo hacen simultáneamente con otros quehaceres, como pastoreo, caminatas, cuidado de chacras, cocinando y en las prolongadas conversaciones.

5. Ovillado, que consiste en hacer ovillos redondos con envolturas concéntricas para presentar un trabajo armoniosamente perfecto.


6. Urdido, proceso por el cual se disponen y complican los hilos para el tejido, en un aparato casero de madera llamado urdidera, con cinco estacas o más, por las que se cruza el hilo, disponen las tramas y se acondicionan las dos alcaldas o extremos.

7. Empitado, que es un trabajo artístico, minucioso y especializado en que se amarran los hilos urdidos con fibras de penca pita, amarras que determinan las partes que no serán teñidas y por tanto el fondo azul o blanco y las formas de los jaspes que caracterizarán la obra.

8. Teñido, es labor exclusiva de ciertas personas que se han especializado en el tinte azul añil, con metodología y secretos para fijar el color y hacerlo indeleble. Por falta de guantes estas trabajadoras llevan las manos y antebrazos teñidos de azul de por vida.

9. Despite, que es el corte y sacado de las amarras después del teñido, lavado y secado; de esta manera aparecen los jaspes del pañón.

10. Tramado, es la colocación del hilo azul dentro del tejido antes de colocarse en el telar, por intermedio del tramador que es una varilla de madera que lleva envuelto a lo largo el hilo de la trama.

11. Tejido, es el trabajo de hacer el paño en un improvisado telar sujeto a un árbol y a la cintura de la tejedora. Se usan cayllua, putic, priende, cungalpos, hillahua, aparina o cargadora, chamba con soga, etc. Del tejido y del hilo depende la calidad o finura de la obra. Dejan los extremos sin tejer de una cuarta y tres dedos para los flecos de la blonda.

12. Amarrado, es el último proceso en el que se hace la blonda, pues el pañón envuelto en un cungalpo deja libre los flecos que son amarrados en nudos formando artísticas figuras o labores, como dalia chotana, dalia extranjera, corbatita, tarjetas para fondo blanco, caracucho en coco, jarritas, corazones, perritos, etc. 

Esta industria manufacturera es a la vez un medio de vida tradicional y un problema social, ya que las trabajadoras de campo y pueblo si bien tienen un modo modestísimo de subsistencia, un entretenimiento que siempre las tiene ocupadas, pero es un problema de pobreza y atraso, porque su trabajo no recibe el justiprecio que pueda cubrir sus elementales necesidades, antes bien, los que obtienen mejores ganancias son los comercializadores intermediarios. 


Los pañones se hacen durante todo un año y se venden especialmente en la feria de setiembre por un cuarto a medio salario mínimo vital que en todo caso no representa de ningún modo el esfuerzo desplegado durante muchos días y además tenerlos guardados algún tiempo en espera de la feria.

Hace falta una campaña de estímulo, apoyo y promoción a esta manufactura que por siglos conservan las tacabambinas. Se precisa de ayuda estatal y de las autoridades e instituciones locales.

El doctor Gilberto Gálvez Delgado decía que es menester organizar a nuestras artesanas, dotarlas de talleres comunales, préstamos, materias primas, tintes indelebles y multicolores, fomentar el turismo, buscar mercados y la comercialización directa, sin olvidar de premiar su trabajo en las exposiciones artesanales.

Reconozco y alabo a las numerosas exponentes de esta industria netamente tacabambina, nadie puede olvidar los famosos pañones de doña Luisa Martínez, Noemí López, Celinda Cubas, Yolanda Paredes, Teresa Fernández, las hermanas Ortiz de Cumpampa, las Guevara de Las Tunas, Cleotilde Sánchez, etc.


Las mejores tintoreras: Anita Sánchez de Corillama, Carlota Quintana de Ayaque, Juana Cubas y Luz Elena Cardozo de Las Tunas.

Mi admiración para todas las pañoneras de mi tierra y mi ferviente deseo de que alcancen mejores niveles de prosperidad y prestigio. Son como un anónimo ejército que resguarda la prestancia productiva de su pueblo con las armas encallecidas de sus manos y su corazón enardecido de esperanzas.

Chiclayo, 17 de Octubre de 1993

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