miércoles, 31 de julio de 2013

79. TOROS EN TACABAMBA


TOROS EN TACABAMBA

Históricamente conocemos que ante el asentamiento español en nuestro valle y aledaños, se activó la ganadería y en parte la de especímenes bravíos desde la época de la conquista, más en el virreinato y también en la República. Una leyenda atribuye el nombre de Tacabamba al golpe que sufrían los naturales embestidos por los cornúpetos y también al sonido taca taca, taca taca de los chungos y batanes que molían la sal para el ganado y el maíz para el poblado. El decir de las gentes identificaba al lugar como “tacay pampa” o pampa del golpe que derivó con el tiempo en la palabra Tacabamba.


En el siglo pasado, siglo XX, las haciendas de nuestro distrito (antes de la desmembración de Conchán) como Chetilla, Puña, Gualango, Lascán, Hurubamba, Yaquil, etc, vendían toros bravos para lidiarse en los pueblos de la región en sus respectivas fiestas patronales. El mismo Señor de la Misericordia tenía de su propiedad ganado bravo que se toreaban en sus fiestas de Marzo y Septiembre, y esto porque su devoto don Juan Francisco Herrera Delgado a raíz del milagro del que fue favorecido al sobrevivir ileso en un accidente carretero en Lisco, obsequió al Patrono la mejor vaquillona de lidia, incluyendo el pastaje y los cuidados en su hacienda de Puña, de lo que resultaron más de una docena de toros bravos hasta que llegó la Reforma Agraria en la década de los setenta.

Las corridas de toros eran solamente de capa, de toreros se improvisaban los jóvenes y personas que hacían gala de valentía y honor. Muchos eran los que por efectos del alcohol arriesgaban su integridad y vida. Los toros se lidiaban en la plaza de armas y eran enjaezados con lujosos y artísticos adornos que llamaban “moñas”, obsequiadas por las damas, familias o artistas locales. Estos bichos aumentaban su bravura cuando les restregaban con ají la boca y los enjalmaban con soga el pecho, lomo y cola. Los ponchos de lana o algunos blancos de lino servían de capa a los intrépidos galanes. Los laceros demostraban su habilidad para echar lazos al cuadrúpedo y conducirlo hacia el toril. El lazo era de cabuya sacada o de cuero sin curtir, llamados sogas o betas respectivamente.


Antes de iniciarse la tarde taurina habían presentaciones artísticas como la carrera en caballos para ensartar argollas que pendían de cintas de colores y bordadas con el nombre de las señoritas de actualidad. También números de ginkana y otras amenidades. 

Los balcones de la Municipalidad, de la Escuela Nº 64 y de las casas de la plaza eran ocupadas por las familias e invitados que lucían de gala y convidaban dulces en canastitas llenas de panecitos de maíz, empanadas, galletas, roscas, bizcochuelos turcas y alfajores. En las tiendas defendidas por mesas o mostradores en las puertas estaban los señores libando los licores y de vez en cuando hacían una suerte con los pañolones vistosos que allí se vendían.


Las bocacalles y el poyo de la iglesia donde se apostaba el público estaban cerradas con barreras de madera. Una vez, recuerdo, Alindor Gómez “Chocomel”, el primer dueño y precursor del Alto Perú, resultó en media plaza con su poncho color nogal en las manos y al batirlo el “Canchillo”, enorme toro de la hacienda El Gualango al verlo envestía veloz al improvisado torero. La gritería del público, seguido de un pasmoso silencio permitió apreciar dos casuales capeadas al bravío que cual un rayo pasaba de frente. Asustado Chocomel ya estaba presto en retirada, tal vez quiso protegerse en el tronco de un frondoso árbol de cansaboca que adornaba la plaza, pero era tarde, fue alcanzado por el cornúpedo, intentó una tercera suerte, cuando al cogerlo con tanta fuerza fue arrojado por el aire, tanto que pudo asirse en las ramas del árbol, mientras el Canchillo rascaba el suelo y mugía mirando a su víctima. Pasaron minutos hasta que el toro fue distraído, enlazado y sacado del ruedo, para que el malogrado torero pudiera bajar y todo maltrecho y jadeante se retire ante el aplauso general y los comentarios que perduran hasta hoy.


El comité de procuradores hacía malabares para reunir sol por sol el dinero del pueblo que se necesitaba para presentar la feria patronal y corridas mediocres de toros, con toreros también mediocres. Más parecían corridas bufas o remedos de la tauromaquia. Varios años se intentó cambiar esta irónica costumbre estableciendo las Exposiciones Agrícolas, Ganaderas y Artesanales como alternativa para el desarrollo y la sana expansión. 

Cuando se construyó el parque en 1948 siendo alcalde don José Isidoro Gálvez Oblitas, pasaron las corridas a la plaza de ganado y cuando allí se construyó la Posta Médica, pasaron al campo deportivo de la Escuela 10446. Hasta que se construyó el actual Coso Taurino que se inició en la administración de José Olegario Campos y avanzó en un 90 % siendo alcalde don Jeiner Julón Díaz.

Llegaron los toreros profesionales con vestidos de luces, sus cuadrillas, banderilleros, picador y matadores nacionales e internacionales para que la fiesta taurina alcance los ribetes de fama y popularidad, llegaron los toros de casta nacionales y extranjeros, los artísticos rejoneadores para que Tacabamba compita con las mejores plazas del país.

Los ingresos en entradas al coso son más que suficientes para pagar los cuantiosos gastos de la feria, pues, la afición taurina es tanta que asisten familias enteras de Cutervo, Chota, Bambamarca y lugares aledaños y aún distantes. Las cosas han cambiado radicalmente para bien o para mal.


Sin embargo, tras la cortina del arte y las innovaciones, está la crueldad que se comete contra los animales. Está en juego la labor de la Sociedad Protectora de Animales que también avanza en todo el orbe. Las ganaderías de lidia están en retirada. Países de avanzada están suprimiendo las corridas de toros. Aún la España taurina se alinea difícilmente con esta corriente protectora y reformista. Además, se considera como una actividad monótona e inoficiosa, neroniana, hasta burguesa que no conjuga con la corriente cultual de los pueblos.


No sabemos cuán rápido se avanza o se retrasa pero la suerte está echada. Tacabamba y otros lugares tradicionalmente taurinos serán al fin vulnerados con el transcurrir del tiempo. Además, una lluviecita sobre la Sucursal del Cielo ayuda en calmar la polvareda que levanta este modesto pero sincero ensayo en la plenitud de nuestra feria.

bocanegraaugusto@hotmail.es 

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